OBRAS EXPUESTAS EN GANDIA · CENTRO MUSEÍSTICO ANTIGUO HOSPITAL DE SAN MARCOS

En la exposición que puede visitarse en el Centro museístico antiguo Hospital de San Marcos de Gandia (Valencia) hasta el 10 de febrero de 2019, Reme Tomás nos presenta sus trabajos en terracota e interpreta en barro diferentes obras escogidas entre un centenar de las ilustraciones que Segrelles hizo por "Las Mil y Una Noches" entre los años 1932 y 1956 y que editó Salvat de Barcelona.


Reme Tomás se adentra en el orientalismo del libro y nos quiere presentar sus personajes, los decorados, los paisajes, todos y cada uno de sus detalles, de sus gestos, en definitiva, reclama para la escultura la riqueza iconografica de las ilustraciones de Segrelles.

Son interpretaciones escultóricas, audaces recreaciones que nos permiten disfrutar de cada detalle, de cada figura y que con su tridimensionalidad nos ofrecen una visión diferente de las ilustraciones segrellesianas.


Todas las ilustraciones de Segrelles parten de la realidad. El pintor necesitaba ver lo que tenía que pintar. Es igual que, como en este caso, fueran personajes orientales, o en otros, contrabandistas, piratas, caballeros o frailes, marcianos o paisajes siderales. Segrelles recreaba su escenario particular, vestía sus modelos -familiares, vecinos de Albaida o amigos de donde se encontraba en cada momento- y se ambientaba con los instrumentos con los que debía protagonizar la escena. 

La exposición de cerámicas de Reme Tomás, viene acompañada de fotografías en alta resolución de las acuarelas de Segrelles con el fin de ofrecer una exposición didáctica que permita profundizar en el apasionante tema de "el arte interpretando el arte" . El arte retroalimentándose del arte.

La artista Reme Tomás observa y nos tridimensionaliza el fantástico mundo de Segrelles. Conservarlo, estudiarlo, dándolo a conocer y divulgar su obra, es para el colectivo amante de la obra de Segrelles, el proceso más perfecto de comunicación.









































 Las aventuras de Hassan Al-bassri
“En la misma playa, el mago Bahram abrió el arca, desató las cuerdas que ligaban al joven y destruyó el efecto del narcótico haciendo aspirar a Hassan vinagre con unos polvos adecuados para recobrar el conocimiento. En efecto, Hassan abrió los ojos y miró en torno suyo; y se vio en una playa cuya arena era roja, verde, azul, amarilla y negra, lo que le hizo comprender que no estaba en la costa de su país. Asombrado, se levantó para explorar el terreno, cuando vio al persa que, sentado en una roca, le miraba con un ojo abierto y el otro cerrado. Sólo con esto le bastó para recordar los temores de su madre, adivinando que había sido víctima del mago y que ahora se hallaba a merced suya. Se acercó al persa, sin embargo y le pregunto cortésmente: ¿Adónde me has traído y por qué los has hecho sin contar con mi voluntad? 



Hijos del Rey Rojo.
“En otro tiempo vuestro padre trató de apoderarse de ese tesoro, mas para abrirlo necesitaba antes apoderarse de los hijos del Rey Rojo. Mas en el momento en que vuestro padre iba a ponerles la mano encima, se transformaron en peces rojos y se arrojaron al lago Karun, en las cercanías del Cairo.  Más como aquel lago estuviera encantado, fueron vanas todas las tentativas que vuestro padre hizo para pescar los peces rojos”.

Joyas  - Aladino y la lámpara maravillosa.
“Pensó Aladino que, aunque sólo fuera por lo vistoso de tales frutas y sus hermosos colores, valía la pena de coger algunas para llevárselas, y así fue que se llenó los bolsillos de la túnica...” “Pero al bajar de la terraza, le picó la curiosidad de ver qué frutas eran aquellas de que tan cargados estaban los árboles, con la extraña particularidad de que un mismo árbol tenía frutas de diversos colores y tamaños, pues las había blancas, amarillas, verdes, azules y moradas,…
“No sabía el admirado muchacho, ni presumirlo podía, que aquellas frutas, transparentes como el cristal, eran diamantes; las blancas, perlas; las rojas, rubíes y corales; las amarillas, topacios y ámbar; Las verdes, esmeraldas; las azules, zafiros y turquesas; y las violetas, amatistas.”


Alí Baba y los cuarenta ladrones.
"Los cuarenta jinetes iban muy bien armados y equipados, de lo que Alí Babá coligió que, en efecto, habían de ser bandoleros. Dejaron las talegas en el suelo, ataron los caballos por la brida a las ramas de los matorrales que allí abundaban, les colgaron al cuello el morral de pienso, y volviendo a cargar con los talegos, se colocaron en fila tras el que, por el lujo de su traje y arreos, parecía el capitán, quien, abriéndose camino por entre los matorrales, llegó a la roca del altozano y exclamó con imperiosa voz:    -¡ Sésamo, ábrete !"


Cinco ladrones – Alí Babá y los cuarenta ladrones.
“Por fin se decidió a la espera, que fue larga, pues los ladrones estuvieron más de una hora en su guarida. Salió primero el capitán, que se mantuvo junto al boquete viendo como salían sus hombres, cada cual con el talego vacío, y salido que fue el último, se encaró el capitán con la abertura, exclamando tan imperiosamente como antes:
-¡Ciérrate, sésamo!
Y la roca volvió a quedar tan compacta como si Alá acabase de formarla”.


Alí Babá - Morgiana "... fue vertiendo en cada tina mucho aceite ..."
"De esta manera Morginana tuvo la completa seguridad de que su dueño había acogido en su casa toda la banda de ladrones que había visto entrar en la cueva y que algo tramaban contra la vida de Alí Babá y de todos los de la casa. Sin ningún tipo de duda, su capitán era el mercader de aceite.

Cuando volvió a la cocina, Morgiana encendió la lámpara, cogió una cazuela... lo llenó de aceite que había sacado de la jarra y lo puso a calentar hasta que el aceite hirvió. Entonces fue extendiendo en cada tina suficiente aceite como para quemar al ladrón que había escondido sin darle tiempo a quejarse.


Después de este hecho, digno del valor de Morgiana, volvió a la cocina con la cacerola vacía, apagó el fuego y la lámpara y se colocó detrás de la ventana esperando ver lo que estaba a punto de pasar pues no quería irse a dormir sin verlo.

“Lanzó a Aladino contra la pared frontera…” -  Aladino y la lámpara mágica.
“Apenas Aladino pronunció estas palabras, cuando el genio se estremeció con movimientos convulsivos, como epiléptico, y echando fuego por los ojos, lanzó a Aladino contra la pared frontera, gritando con espantosa voz:
-¿Cómo te atreves a pedirme que te traiga al hijo de mi supremo jefe para colgarlo del techo de tu palacio? Ahora mismo morirías tu y cuantos están en este palacio, sepultados en sus ruinas, si no te protegiera el anillo”.

“…y la vió como la luna entre las estrellas.” - Aladino y la lámpara mágica.
"No hacía mucho rato que Aladino estaba en su escondite cuando llegó la hija del sultán, acompañada de sus doncellas…y la vió como a la luna entre las estrellas…” “Era una jovencita de quince años…de ojos rasgados, como dos soles de luz negra; frente que semejaba una porción del paraíso; esbelta como cimbreante rama del árbol sagrado; cejas que parecían trazadas por mano de arcángel; nariz intachable; boca chiquita; sonrisa hechicera; labios rojos como pétalos de amapola; mejillas sonrosadas, cuello de tórtola y dientes más finos y blancos que las perlas del mar.” “…yo creí que todas las mujeres eran iguales… pero acabo de ver, desde tras la puerta de la casa de los baños, a la hija del sultán, y al punto me he enamorado de ella, porque su vista me reveló la belleza divina encarnada en forma humana…"


Aladino y la lámpara maravillosa - El genio de la lámpara de Aladino. 
Conformado con su suerte, se postró en el rellano de la escalera para elevar la última oración diciendo: "Sólo en el omnisciente Alá hay poder y fortaleza".

Al cruzar las manos para la oración, tocó sin querer el anillo que el brujo le había puesto en el dedo y, al instante, se le apareció un genio de aspecto terrorífico, que le dijo: "¿Qué quieres? Estoy dispuesto a obedecerte. Yo sirvo a quién posee el anillo que llevas en el dedo, y conmigo también le sirven todo el resto de esclavos del anillo".



“…distinguí á lo lejos una masa blanca.” - Simbad el Marino
“sin saber qué hacer, trepé a un árbol para explorar el terreno con la vista, por si podía descubrir algo que me infundiese esperanza. En dirección a la costa no veía más que cielo y mar, pero al mirar hacia el interior de la isla, distinguí a lo lejos una masa blanca.
Movido de la curiosidad bajé del árbol, y tomando los restos de mi refacción a orillas del arroyo, me encaminé hacia aquella masa blanca, y al acercarme observe que era como una altísima cúpula de muy ancha base asentada en el suelo.”



Serpientes - Simbad el Marino

“Pensando estaba en que nada me iban a servir aquellas piedras preciosas en un paraje aislado del mundo, donde, si no me venía de Alá el remedio, iba a morir de hambre y sed, cuando al llegar la noche me quedé horrorizado al ver que de las cavidades de las montañas salían unas serpientes negras, mucho mayores que boas, tan enormes, que la menor de ellas hubiera sido capaz de engullirse un elefante. Sin embargo, me pareció que el roc era enemigo mortal de estas serpientes...”








Simbad el Marino ... estaba todavía a caballo del monstruo ...
El capitán ordenó a la marinería que plegara las velas y nos dijo que, quien quisiera, podía desembarcar en el islote mientras durara la calma. 

Bajamos unos cuantos con trozos de madera para encender fuego y con utensilios de cocina. También llevábamos algunos comestibles para poder cocinar una merienda; pero mientras la estábamos preparando, advertimos que el suelo se movía como si hubiera un terremoto.

El capitán se dio cuenta de lo que pasaba y gritó:

- Dejar todo y volved enseguida, porque no estáis en un islote sino sobre el hombro de un monstruo marino que está a punto de sumergirse y se lo llevará sino os ponéis a salvo.


Salem y Salim - Historia de Juder, el pescador o el saco encantado
Apenas había pronunciado estas palabras, cuando entraron los dos hermanos de Juder…” Con gran asombro de ellos, Juder no sólo no les reprochó su conducta anterior, sino que les recibió con grandes agasajos y les hizo sentarse a la mesa y comer hasta hartarse.


“ Salim y Salem probaron por sí mismos la virtud del saco encantado y aquella noche durmieron tranquilos, si bien no dejaron de planear una de sus maldades.”


También se expone la serie de LOS SIETE PECADOS CAPITALES dentro del mismo proyecto «MODELANDO LA ILUSTRACIÓN · J. SEGRELLES by REME TOMÁS»

La Gula, la Ira, la Lujuria, la Pereza, la Soberbia, la Envidia y la Avaricia.